Revista Èvoque

En el sur de Italia, encontramos una de las ciudades más características de la vida del país mediterráneo, pero que a la vez, saca los pies del plato, ya que encontramos tantas características propias de la zona, que se aleja del clásico concepto de país italiano, Nápoles, de una ciudad alejada de las influencias del imperio romano, que toma su idiosincrasia de la tradición familiar, tradición de negocios en la que los valores adquiridos y heredados se dejan notar por sus calles; cierto es que como buen país italiano, su cocina es esencial para visitantes e inigualable, destacando como característica principal su cocina con geotermia.

Entre los ingredientes y platos más característicos de la cocina napolitana encontramos una gran variedad de pescado, mariscos, pizzas y pasta, hasta ahí, típico de la zona mediterránea, siendo lo más popular y propio de la zona del sur, el limoncello y el café como bebidas típicas, siendo el queso Casu Marzu el producto que nos llevará a un momento ilegal, una experiencia para nuestros sentidos y que nos llevará a conocer no solo la gastronomía del lugar, sino también sus gentes, la historia de cada plato, el nacimiento de cada ingrediente hasta convertirse en un espléndido bocado, siendo uno de los casos más naturales de la región la cocina en geotermia.

La cocina geotérmica tiene lugar en la Solfatara di Pozzuoli, lugar que concentra una cuantiosa correlación de alrededor de volcanes con pequeños escapes de humo que calientan el aire, y con una presión calórica sobre la tierra más que notable; siendo el sultafo el gas predominante dentro de la composición de los expulsados por dichos volcanes.

cocina con geotermia

Aprovechando esta situación, es decir, el inmenso calor natural, desde la prehistoria la civilización napolitana ha cocinado sus mejores productos con geotermia como energía, tanto bajo la tierra como en la superficie con el humo desprendido, llegando dicho la temperatura para cocinar a los 160 grados de máxima.

Dentro de esta cocina, los platos más cocinados son pequeños pescados para que la exposición al sulfato sea menor, pero de igual forma podemos cocinar pequeños trozos de carne o marisco, siempre bien envuelto en papel de plata, que proteja al máximo el producto de los gases de los volcanes.

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